lunes, 3 de marzo de 2014

De puente

Cómo era aquello de viajar... Viajar es morir un poco... 

??? 

No, no puede ser así, no tiene sentido. 

Yo y mi proverbial tendencia a tergiversarlo todo. Yo y mi tendencia absoluta a tergiversar proverbios.

Viajar no es morir. Viajar es cambiar. Cuando sales de casa, ligero de equipaje, con sólo lo imprescindible, hay que soltar lastre antes del viaje, debes de tener muy claro que vas a cambiar ineludiblemente durante su curso. Nunca se vuelve igual de un viaje, para bien o para mal.

Creo que es por los procesos de ensanchamiento y de expansión que sufre el cuerpo al salir de su concha que hace que sea imposible que vuelva a ocupar el mismo lugar que dejó al salir. ¿En serio? Sonríe. Ahí tienes una oreja y ahí la otra. 

El viaje ha llegado a su fin. Y en esta ocasión ha sido un viaje abrupto. Con la ciudad recibiéndonos de nuevo, un año después, con hostilidad climatológica. Amores reñidos. Una lluvia incesante y un aire loco de los de aquí que nos han estado tocando los violines en un aria continua al desánimo y a la melancolía.

Cuando uno sale de viaje, no sabe muy bien cuánto tiempo va a tardar en volver. Yo por ejemplo no he vuelto del todo. Mi cabeza sigue allí y ahora, y por la ventana del hotel, puedo ver el aparcamiento y la carpa blanca. Fuera llueve.