domingo, 9 de febrero de 2014

Desazón

Abro los ojos. 

Los cierro.

Vuelvo a abrir los ojos.

Hace un par de noches me levanté por curiosidad. Quería conocer el rostro de quien me despertaba todas las noches a la misma hora. Bajé al salón descalza. Encendí la luz. Miré el reloj. Eran las 4:51. Después de muchas semanas, había averiguado al fin la hora a la que viene a visitarme. Cada noche viene y me despierta. Desde hace semanas. Le importa poco encontrarme dormida. Se acerca, me despierta, y debo estar en mi sueño más profundo porque no recuerdo nunca cómo lo hace. Sólo me encuentro inesperadamente despierta. Abro los ojos. Es de noche. Los cierro, me hago la dormida, pero él sabe que estoy despierta y empieza a hablarme, siempre de lo mismo, siempre la misma historia, estoy harta de esa historia, no hay nada que pueda hacer, ya no quiero hacer nada, por qué me vuelves a calentar la cabeza una y otra vez, soy feliz, mírame, soy feliz, y si no lo fuera, serías el último al que acudiría, ya no necesito tus cuentos para no dormir, olvídame, búscate a otra o a otro a quién atormentar. Déjame en paz.

Abro los ojos. 

Los cierro.

Vuelvo a abrir los ojos. Por fin hay luz. Ya es de día. Esta noche he vencido yo.