viernes, 24 de enero de 2014

La mirada oscura

Aquella mañana se dio cuenta de que la había jodido de verdad y de que no volvería a aguantar su mirada sin sentirse desnuda por dentro.

Lo peor es que la había jodido de la manera más tonta, con apenas una frase, después de años perfilando hasta el más ínfimo detalle un personaje convincente y sólido en el que llevaba todo este tiempo atrincherada. Años representando un papel que ella mismo había creado a su gusto, había mimado, un papel que había acabado aprendiéndose de memoria y al que adoraba. Para joderlo todo en una frase.

Ese había sido el problema. Se había sentido tan segura y cómoda dentro de su coraza que se había confiado demasiado. Había bajado la guardia un segundo y esta vez el destino no la había salvado in extremis con una de esas piruetas a las que la había acostumbrado cuando alguien se asomaba demasiado detrás del telón.

Sólo le quedaba una cosa por hacer. Una decisión final que tomar para seguir a salvo. Le fastidiaba como nunca llegar a ese punto porque le quería de verdad y había sido más sincera con él que con la mayoría de aquellos que pretendían conocerla después de todos estos años. Pero ahora sabía que no le quedaba más remedio que renunciar a él. Era la única alternativa que le quedaba. No podía echar a perder el trabajo de años. Era perderlo a él o volver a hundirse y no estaba segura de que sobreviviría a otra caída a aquel precipicio.

Aquella mañana al cruzarse con su mirada, se sintió de pronto desnuda y desvalida y se dio cuenta de que él había cambiado.