lunes, 6 de enero de 2014

Antonio Gasset

Yo fui una de las politoxicómanas insomnes que se tragaban los Días de Cine de Antonio Gasset. 

A diferencia de los programas intelectualoides dedicados a la decorticación de obras literarias que ya desde la canción de inicio me suelen abrir soñolienta e impúdicamente la boca, siempre me han encantado los dedicados al cine.

Eso es lo que mola de no trabajar. Que los mejores programas  te los ponen en horario de jubilados, lactantes y estudiantes de facu. ¿A qué hora te ponen los casos de asesinatos en la sexta? De 9 a 12, claro que sí. ¿A qué hora te ponen los Días de Cine? de 10 a 12. Olé. No, no es justo. Bastante duro es ya madrugar como para que además te restrieguen por las narices lo que te vas a perder. Y más ahora con la perspectiva que hay de que cuando te toque jubilarte probablemente no lo hagas antes de los 80. Lo que me recuerda que tengo que contratar un plan de pensiones.

Me encantan los programas sobre cine. Me quedo embobada escuchando los intrígulis y los busilis de los rodajes, me vuelvo a tragar las mismas historias, las mismas anécdotas, las mismas biografías truculentas tantas veces como reponen el programa de turno.

Yo fui de las que se tragaban sus Días de Cine mientras mi horario me lo permitió. Luego vinieron las opos, las niñas, el internet y la Caye, insufrible y enchufada, y el programa perdió la gracia y de confundirse con Versión Española olvidé Días de Cine. Pero desde hace unos meses he descubierto el Todo Cine y he recordado lo mucho que me gustaba que me contaran el cine.  Y sólo quería dejar constancia de ello.