lunes, 13 de enero de 2014

A dream by David Lynch

Hay sueños que perturban el despertar durante un  tiempo, unos minutos, unas horas.

Sueños de pintalabios de un brillante rojo pasión que pintan los labios y acto seguido desaparecen para ser objeto de búsqueda y de deseo. ¿La chica pintada que refleja el espejo era yo o no lo era? Bella, sexy, vestida con un corpiño negro y ceñido, con una bonita melena corta, castaña de bonitos bucles grandes, se parece a mí pero creo que no soy yo.

Escenarios inquietantes que se disfrazan de lugares conocidos, que los mezclan, estoy aquí pero no es exactamente este lugar. Y se está preparando una gran fiesta, hay mucha gente que va y viene preparándolo todo, pero yo me estoy preparando para huir y no estoy sola pero tampoco estamos todos, sólo estamos tres de nosotras. Y nos vamos de aquí si antes encuentro el pintalabios rojo. 

Sueños que parecen reales pero a todas luces no lo son de un yo que nunca actuaría como yo y sin embargo todo parece seguir una lógica natural de actos y de secuencias. Y puedo sentir como propio el agobio de no poder quedarme aquí por más tiempo y la necesidad de encontrar ese pintalabios. Maldito pintalabios rojo. 

El despertador suena. No he encontrado el pintalabios pero ya no puedo hacer nada. Vuelvo a mi vida de aquí. Pero puede que sólo por unas horas.