miércoles, 11 de diciembre de 2013

Gorgonzola

Hoy día en stand-by. Claro que era 11 del 12 del 13, y en fechas mágicas como hoy sólo ocurren cosas extra-ordinarias. A ver, no es que tenga nada en contra de las fechas mágicas, capicúas, consecutivas, ni nada por el estilo, pero después de haber vivido tres fines del mundo fallidas, como que uno pierde la capacidad de sorprenderse por las fechas mágicas en las que nunca me ha sucedido nada extraordinario. No, de hecho lo sorprendente de hoy es que no ha ocurrido nada y eso últimamente es muy bueno. 

El gorgonzola. Me costó admitir que me gustaba más un queso italiano que algunos de mis compatriotas. No, no es fácil haberse criado en el país del queso y admitir una cosa así. Pero es tan untuoso y a la vez tiene ese punto de sabor duro y fuerte de los quesos azules pero sin llegar a molestar mis delicadas papilas gustativas. Sí, para algo que tengo delicado, lo tenía que decir. El gorgonzola es para mí una absoluta delicia.

Y ¿por qué ahora?
Porque he comprado gorgonzola esta tarde y eso sólo me ocurre en los casos extremos de estrés extremo. Y creo que en apariencia ni yo soy consciente de mi estado de estrés extremo, al contrario, me encuentro demasiado bien, pero al comprarme ese trozo de queso, mi subconsciente me está intentando decir algo.

Sí. Cuando estoy estresada, como gorgonzola, o en su ausencia, cualquier otro tipo de queso. Sí.

Bueno. 

¡Buenas noches!