miércoles, 25 de diciembre de 2013

Comidas familiares

Mi hermano se cabrea y maldice la suerte que le ha tocado al nacer en una familia tan impresentable y tan gritona. Y es posible que tenga razón. Pero de todos es bien sabido que quien consiga chillar más alto y quedarse por encima de todas las demás voces tendrá la razón. Así ha sido toda la vida. Todo el pueblo, y sobre todo los vecinos de la Placeta recordarán siempre lo desangelada que se quedó la susodicha cuando nos mudamos (o mudemos) de allí. Se quedó de repente en silencio, sin gritos, sin voces, sin peleas, para siempre. 

Cuando te toca una familia chillona, sólo puedes hacer dos cosas, cambiar de apellidos y migrar avergonzado y en silencio a otra parte, o asumirlo con naturalidad, porque hay cosas que no se pueden cambiar y a cada uno le toca lo que le toca, que seremos chillones pero honrados y quien no se consuele, doble trabajo tiene. 

Pero estoy perdiendo cualidades porque no hemos alcanzado el armageddon de otras veces y eso que por una vez estaba de parte de mi madre. O sea que nos hemos quedado en remanente de ciclogénesis, la mayor parte habiéndose descargado por el norte. Claro que en medio de la batalla he perdido mi identidad de emigrante, que al parecer no lo he sido nunca, ni siquiera migrante a secas. Pero que me da igual. Siempre me quedará este blog para desahogarme!!! XP

Besitos!!!