miércoles, 13 de noviembre de 2013

L'école buissonnière

Esta tarde he hecho pellas (o novillos, fa lo stesso, ambos términos son absolutamente mediocres en cuanto a sonoridad y a sentido). Pero no se lo digáis a nadie por favor.

El no hacer lo que los demás esperan que hagas se encubre tan fácilmente como poner una amplia sonrisa que borre cualquier rastro de culpa de la cara y de improcedencia en la mente del otro. 

Puede que lo haya hecho porque necesitara una tarde de no hacer nada después del chute de santidad/religiosidad de ayer que se acercó peligrosamente a la sobredosis. Lo de tener que explicarles a unos críos de 7 años que tenían el Mal primigenio impreso en el ADN porque una tía decidió montárselo con una serpiente me produjo una pequeña descarga en la cabeza y por supuesto que no lo expliqué. Me niego a hacerlo. Cuestión de principios. Podría alegar que esta mañana el despertador no sonó, que me dejé sin saberlo el CD de la parte de comprensión oral del examen en casa, que al final no hubo simulacro de incendio, que el escaqueo de las guardias me produce náuseas, que el tiempo ha cambiado en cuestión de horas a malo y se ha puesto una tarde de perros, que no me apetecía hacerme 250 km para oír un rollazo y malgastar mi tarde, y sobre todo que me ha salido un grano de acné que no pornofo del tamaño de Nebraska en plena cara, y todos y cada uno de estos argumentos serían ciertos e irrebatibles. Pero simplemente no he ido porque no.

Porque uno no puede ser bueno y correcto y hacer lo que los demás esperan de uno indefinidamente. Porque entonces es cuando surgen los problemas y uno acaba reventando. Así que de vez en cuando es bueno saltarse las normas y cometer algún que otro pecaíllo. 

Buenas y lluviosas tardes!! ;)