sábado, 30 de noviembre de 2013

Atardecer

El ocaso estaba rojo de sangre hace un rato y juro que no ha sido producto de mi imaginación. Me da rabia no llevar siempre encima una cámara capaz de contaros todo aquello que veo. Pero os aseguro que lo he visto y que el cielo estaba prendido en la línea del horizonte donde muere el sol, presa de un incendio devastador de tamaño gigantesco y de un rojo tan intenso que por un momento la imaginación ha tenido miedo de encontrarse allí.

Y al instante después, todo se volvió gris.