domingo, 7 de julio de 2013

M. Shore (IV)

El Señor Antonio


El tema de las cacas seguía candente a día de ayer en la piscina comunitaria y de lo que ya no tengo ni la menor duda es que el vecino es un guarro, afirmación que tengo más que cotejada tras comprobar con absoluto disgusto y gran repulsión cómo este señor deja macerar al sol durante un día entero esparcidos a lo largo y ancho de su terraza los restos de comida y de bebida varios sobrantes de sus orgías, en el sentido más romano del término. De ahí que no me ha de extrañar el campo de minas en el cual pretendía transformar el aparcamiento. Extremadamente infecto y repulsivo.


Las fuerzas del orden empezaron demasiado pronto con los mojitos de ahí que la fiesta que tanto prometía a las cinco de la tarde decayera estrepitosamente y estuviera finiquitada antes de la una de la madrugada. Un bochorno para el cuerpo, según fuentes consultadas. Pero lo que de verdad está en boca y en mente de todos los vecinos es la piscina que las fuerzas del orden han instalado en mitad de su terraza. Se trataría de una pequeña piscina hinchable con una capacidad de 500 litros en la cual al parecer y según dicen las lenguas, gustan de meterse a la fuerza y a tres de sus coleguitas de fiestas hawaianas todos miembros del cuerpo de importante envergadura física. Y como el muchacho se ha hecho tanto de querer por todos a lo largo de estos dos años, nadie se sorprenderá de que todos los demás propietarios estemos expectantes del momento en el cual los cuatro miembros metidos en una pequeña piscina hinchable aterricen en mitad del salón esperemos que vacío de los vecinos de abajo.


Pero el finde no sería finde sin la noche del sábado. Y aún recuerdo mis noches de sábado, la alegría de compartir unas tapas y unas cañas, o unas copas de Ribera del Duero alrededor de unas tablas. Y luego la primera copa, tranquilamente en algún pub o en alguna terraza para seguir animadamente con las charlas hasta acabar dándolo todo en la pista de las discotecas. Dulce farniente. Y tan finiquitado como la fiesta hawaiana en la piscina de anoche. Ahora lo que se lleva es alquilar un apartamento para tres entre diez, echar a suerte las tres camas y las demás esparcirse por el suelo de la vivienda, comer vituallas para gourmets (bolsas de patatas y ganchitos hacendado) mientras se disponen a realizarse la chapa y pintura integral de las mismas todo ello adobado con cubatas de vodka o brugal al infinito.
- VECINOOO!!!! VECINOOOO!!!!!!!!! (No usted no, por pertenecer al género femenino e ir provista de dos benjaminas; me estoy dirigiendo a aquellos jóvenes de la barbacoa que parecen estar en edad y en ánimo de procreación y por cierto el que su terraza esté justo en medio es un engorro) ¿TENÉIS ACEITE Y SAL??? (Nos lo hemos dejado todo, excepto las cuatro cajas de brugal+una botella de smirnoff para la rarilla, las dos neveras de hielo, los doce packs de dos botellas de refrescos y un paquetillo de saladitos del mercadona).
- SOMOS DE JAÉN!!!

Le habría dado gustosamente aceite y sal en condiciones de salubridad óptima, sólo de pensar en algo procedente de esa cocina, brrrrr, pero por algún motivo que desconozco mi aceite y sal no eran los adecuados anoche. Aunque me quedo con la  duda de saber en qué iban a emplear el aceite y la sal.


Después de largos estudios realizados, he llegado a la conclusión de que el propósito es reducir gastos y tiempo empleados en el objetivo. Lo que no he entendido aún es el por qué de ponerse los tacones cuatro horas antes de coronar el objetivo final en la discoteca y de andar como patitas mareadas apartamento arriba apartamento abajo eso sí sin soltar el cubata. Estoy en ello.


El caso es que a eso de las tres de la madrugada el cortejo de damiselas visiblemente perjudicadas emprenden el vuelo ansiado hacia ... mmm.... bueno, que lo emprenden, ese momento en el que creo que por fin voy a poder dormirme sin tacones, cuando oigo jaleo fuera en la puerta. Y un hombre hablando. Al finalizar las frases hace un extraño ruido, como un suspiro agudo prolongado y un ligero iih. Creo ser capaz de identificarlo. Así que me pongo el vestido, sin florituras ni chanclas  ni nada y salgo a comprobarlo por mí misma. Efectivamente. Es el señor Antonio. 


Y se la está liando a su manera a las diez chicas que sin haber soltado aún la copa pían. Sí. Esa es la palabra. Ante el acoso y derribo a preguntas de mi vecino que hace de poli malo mientras su mujer detrás de él hace las veces de poli bueno, no es la primera vez que asisto a la escena, acerca de quién les ha alquilado el apartamento y por qué tienen mando del aparcamiento, las chicas están literalmente piando. Me meto en el lío. Al fin y al cabo, voy descalza, casi desnuda, son las tres de la mañana, no tengo nada mejor que hacer y es la única manera que tiene una de enterarse de las cosas. Todos huelen a alcohol pero a estas alturas ya no molesta. Y qué mejor manera de acabar una noche de sábado...

A ver qué nos depara la noche del domingo!!! Sonrisa!!!


(PD: un día os contaré con todo lujo de detalles mis aventuras y desventuras con el señor Antonio. Pero es que anoche salí, al aparcamiento, me acosté muy tarde, por goleora, y esta mañana hemos madrugado para pillar sitio en la playa... así que estoy un pelín agotada).