miércoles, 19 de junio de 2013

Gustavo

Era alto, indudablemente mucho más que yo, llevaba una camiseta blanca estampada y unas bermudas color amarillo sucio y aunque de cerca se apreciaba que iba limpio, la indumentaria le confería un aspecto general absolutamente desaliñado. Llevaba el pelo peinado en cresta de un color que se asemejaba al de las bermudas y estaba fumando con la mirada plantada en la reja de la puerta del instituto frente a él. Lo saludamos por cortesía mientras seguíamos con nuestra conversación y yo abría la puerta con mi llave. Entonces el muchacho nos preguntó si ahí era donde se echaba lo del ciclo de Consentino. Al volverme hacia él para contestarle pude apreciar un maravilloso tatuaje negro y grande representando un símbolo chinesco en el lado derecho de su cuello. 


- Rosa, ¿te acuerdas de mí?


Y detrás de su mirada logré vislumbrar de golpe a aquel niño bajito un poco tímido que se sentaba en el fondo de la clase de 1º de la ESO de eso tenía que hacer un millón de años.