lunes, 10 de junio de 2013

El Club de las Bridget Jones

Mónica ha tenido un lunes de los míos. Esta vez sin embargo, a mí el lunes me ha perdonado la vida, imagino que lo del viernes había que compensarlo por algún lado...


Ay Mónica...

Eran chicas buenas. En el sentido más literal y contundente del término. Definidme lo que es una chica buena y definiréis a cada una de las cuatro. Las chicas buenas del pueblo. En aquel entonces, nunca dieron un quehacer a sus padres. No pisaron los bares hasta una edad prudencial y ya cuando la mayoría de ellas contaban con novio. Iban religiosamente todos los sábados a misa y no se les conocía más vicio que los polos de limón a duro y las bolsas de pipas. Eran de costumbres intachables. Más importante aún, de reputación intachable. Cuando realmente se lucían en todo su esplendor era en las fiestas del pueblo. Los vestidos más elegantes y bonitos, de colores pasteles, el pelo impecable, el maquillaje discreto. No es de extrañar que las cuatro fueran elegidas alternativamente durante cuatro años consecutivos Reinas de las Fiestas. Eran tan ideales. No había color.


Y al otro lado, en el lado opuesto a las chicas buenas del pueblo, a las que llamábamos cariñosamente "las tontas del pueblo", estábamos nosotras. Las malas. Las de reputación un tanto dudosa. Supuestamente mi hermana tuvo que esconder un embarazo tras otro mientras yo regentaba una casa de putas durante los dos años que me tiré en casa de mi tía en Francia. Y creo que eso era de lo más suave que se pudo decir sobre nosotras. Éramos las que en cuanto podíamos, nos íbamos andando o a dedo de pueblo en pueblo y de fiestas en fiestas, cuando no ligábamos con alguno que tuviera coche para que nos llevara. Las que nos tirábamos el día entero metidas en el bar, bueno, realmente no era un bar, era mejor que eso, era un reservado donde podíamos alternar sin ser vistos por los demás. Y creo que durante aquellos años circularon muchas leyendas urbanas acerca de las actividades que realizábamos en aquel antro. ¿Vicios? Bueno. No más que la media. Y sobre todo los que nos permitía una economía un tanto apretada, o sea tabaco y una cerveza de vez en cuando. Me encantó el día que nos encontramos a la señora xxx sentada en el salón de la casa de mi abuela contándoles a ella y a mi madre que fumábamos. (Tabaco rubio, señora, el mismo que acabaron fumando sus tres hij@s, Señora!!!). Nunca fuimos elegidas Reinas de las Fiestas, que creo que con nuestras pintas aquello habría sido un momento de los llamados memorables, pero tampoco nos obligaban a ir a misa, lo cual lo compensaba casi todo. 


El cisma que abrieron aquellos años suscitó que desde entonces no haya podido congeniar nunca del todo con l@s niñ@s buen@s de pueblo. Y de alguna manera, puede que aquellos locos años de adolescencia propiciaran que nos convirtiéramos con el tiempo en un extraño pero exclusivo Club de las Bridget Jones.