viernes, 31 de mayo de 2013

Llamémosle resaca

... o llamémosle cansancio. Llamémosle como nos dé la gana. O no le llamemos nada. Nos da igual. 

Al parecer, hoy me ha dado por twittear en el blog. Supongo que será una de esas licencias que se permiten cuando se acaba de estrenar el título de reina de las redes sociales. ¿Que me ha hecho ilusión? Inmensa. Pasan los años, las generaciones, y siguen siendo buenos chicos.

Y yo que pensaba que esas frases que me da por colgar en la red cuando estoy con el disfraz de calle tirado en la entrada de mi home y el pijama de andar por casa puesto, que esas frases que me hacen mucha gracia  a mí, lo admito, y que por eso las pongo, que esas palabras nunca se iban a identificar con mi otro yo, el de la calle, el de la mente demente disfrazada. Es raro, divertidamente raro.

Me estoy quedando dormida delante de la pantalla de este cutre ordenador y con los cascos puestos. Tengo sueño. Han sido cuatro horas escasas de sueño. Y un bajón impresionante del ánimo que ha dejado en su ausencia la serotonina. 

La noche de ayer y sus festejos pasó. Y ya está. Fue muy bonita pero pasó. Volvamos a nuestra ansiada rutina. Centrémonos en las minucias tan importantes de nuestro día a día donde una sin haberlo pedido sigue siendo la reina indiscutible con o sin premio. El verano se acerca, el año acaba. Tiempo de balances y de miedos. Miedo a que la rueda de la fortuna pegue un giro inesperado aunque sé que poco a poco irá descendiendo en su inexorable trayectoria circular. Y admitámoslo, con o sin premio, este ha sido en su global un buen año.

Ala, a descansarla,

PD: Y sí. Llevo calcetines a rayas de colores, un moño con tres totos y una felpa en el pelo de purpurina color turquesa. Y pregunto, pero yo, ¿me he metido alguna vez con cómo lleváis lo vuestro? A que no, pues ale, a cascarla!!!