lunes, 20 de mayo de 2013

Another life

La vida del funcionario puede resultar apacible para el común de los mortales, pero soy ahora mismo cada vez más consciente de cómo van las cosas en este país y que la casta parasitaria está aguardando el momento justo y preciso para sacrificar al funcionariado por pura supervivencia (ay, España querida, ¿cuándo te darás cuenta de que a quien debes sacrificar de una vez por todas es al político, tú que nos acabarás inmolando cual chivo expiatorio?).

De vez en cuando mi alma vaguea por otros mundos lejos de mi vida  y de un destino que no me gusta pensar que está ya marcado.  Hoy he echado cuatro trapos en un bolso, he cargado a las niñas detrás y me he montado en el coche rumbo a ninguna parte. En cuanto he arrancado, he puesto la radio, sonaba una canción que decía en inglés que podía ser lo que quisiera. Hemos tomado la 66. Siempre he pensado que acabaría con un uniforme rosa y una cofia blanca sirviendo cafés a deshoras en algún diner perdido en pleno desierto de Arizona. Ya encontraré algo. Eso no me preocupa. De hecho, ya nada me preocupa. Ya no hay prisa. Vamos rumbo a ninguna parte.


Bye, bye!!!

(Que me están esperando ;))