jueves, 25 de abril de 2013

Le brouillon

Hay dos cosas que habiendo sido educada en Francia siempre me han chocado de los alumnos españoles.

La primera es la levedad con la que escriben en los libros. Cuando los veo escribiendo incluso algunos con bolígrafo sus libros, me recorre siempre un escalofrío por la espalda. Jamás he asistido a tantos actos de vandalismo gratuito como desde que soy profesora.


La segunda es cuando se ponen a desarrollar sus escritos a pelo. Pero ¿en qué cabeza cabe que se pueda escribir bien algo a la primera? En Francia teníamos una clase especial dedicada a la elaboración del brouillon, de hecho no recuerdo de nadie que se sacara nada sin tener esa asignatura aprobada. Pero el alumno español debe ser de una especie aparte porque no usa apenas brouillon. De hecho no creo que sea capaz siquiera de realizar uno como mandan los cánones del brouillon.




Sin embargo a veces me pregunto si de tanto hacer brouillons no perdí en un momento dado la capacidad de hacer las cosas bien a la primera, la osadía de improvisar.