viernes, 12 de abril de 2013

La estirpe

La primera vez que me encontré con él, debía estar en "Sixième" ou en "Cinquième". Sé que era mi primer o segundo curso en el colegio porque iba sola hasta la parada del autobús. Los dos cursos siguientes me acompañaba mi hermana. Así que tenía 11 ó 12 años. 


Era temprano por la mañana. Iba andando por la acera. Recuerdo incluso el lado por el que iba. Iba subiendo la acera por la derecha, en el mismo sentido que el tráfico. La calle estaba bordeada por álamos o plátanos. En todo caso, eran árboles muy altos y frondosos. Y debía ser primavera o verano porque a esas horas de la mañana el sol ya había salido.

Iba andando sola por la acera y no me di cuenta de que el coche que iba circulando a mi izquierda por la calzada iba a una velocidad más lenta de lo normal. No me di cuenta hasta que oí una voz dentro elevarse por encima del ruido del motor llamarme y fue entonces cuando giré la cabeza en su dirección.

Era un coche pequeño, feo, cochambroso. Apostaría ahora a que era un Citroën 2CV o algún modelo parecido. Dentro, un hombre gordo, medio calvo, de pelo claro tirando a color zanahoria, que aparentaba la cuarentena me estaba haciendo una señal para que me acercara al coche. Me sonaba mucho la cara pero no sabía dónde ubicarla. Años más tarde, no me preguntéis por qué, me vino a la mente que pudo haber sido el tío soltero de Christelle al que había visto sólo en una ocasión una tarde que fuimos varias amigas a su piso.

Aquel tío al que no conocía de nada me estaba llamando para que me acercara y supe que aquello no era normal. Puede que porque en Francia la gente es fría, reacia al contacto con gente que desconoce. Y ese tío me estaba llamando, incluso tuteando y no lo conocía de nada. Sentí un acelero en el corazón e hice lo que siempre he hecho desde entonces. Volver la cara y seguir mi camino. Sé perfectamente que no dije nada, que no lo volví a mirar. Puede que aligerara el paso. Pero no hice absolutamente nada más que proseguir mi camino. Y el corazón latía, latía muy deprisa.

Aquella fue la primera vez. Por desgracia, he vuelto a encontrármelo en alguna que otra ocasión. Nunca tiene la misma cara. Nunca es en el mismo sitio. Pero la mirada... esa mirada. Siempre es la misma mirada. La de los bastardos de la estirpe.



Que el fin de semana os sea propicio!!

PD: Extrañas asociaciones hace la mente.