viernes, 29 de marzo de 2013

Vía Crucis en Arboleas

Hemos montado el campamento base en el salón. Ya han caído tres, sólo falto yo. Uno de esos virus virulentos intestinales o gripe estomacal o como quieran llamarlo ahora, da igual, no recuerdo que en mi época esos bichos atacaran tan a menudo. Hélas, tras la última baja esta tarde, he tenido que rendirme a la evidencia. Este año no habrá Vía Crucis para mí.


Hubo un tiempo en que puntualmente, a partir de las siete de la mañana del Viernes Santo, los hijos de Doña Emilia corrían por las calles de Arboleas armados de carracas. Cómo le daban a la carraca. Nadie ha vuelto a tocar la carraca como ellos y es que no quedaba nadie despierto tras su paso.  Jajajaja. Aún recuerdo cómo, según te habías acostado de una manera o de otra o si deseabas ir al Vía Crucis o te la repampinflaba soberanamente, te podía dar por maldecirlos vehementemente hasta volver a quedarte dormido o te levantabas raudo y veloz. Ya nadie toca la carraca.

En esta época del año y con las escasas horas de sueño que lleva uno en el cuerpo, las ocho de la mañana es una hora difícil. Y a esas horas, ¿quién se va a fijar? Ya habrá tiempo luego, en la procesión grande de la tarde. Así que nada de túnicas ni de trajes de manolas ni de abalorios, uno se lava la cara y se pone lo primero que pilla, que sea cómodo y abrigado que hace un frío que pela.

La de veces que mi mente se detiene en un elemento minúsculo y pasa por alto detalles del tamaño de un elefante. He ido al Vía Crucis de Arboleas siempre que he podido, no sabéis lo a gusto que se va por la carretera a esas horas, y ahora no caigo en los Santos que salen. Ya me reprenderá mi padre cuando lo lea.

Me suelo fijar en que a esas horas mañaneras es cuando más bonica está la plaza o por lo menos cuando más me gusta. Será porque está desierta o porque huele a fresco. Y qué me decís de la algarabía que lían los pájaros cuando despierta el día. La gente va llegando con cuentagotas. La cara de sueño que trae la juventud que habrá estado toda la noche de marcha, a algunos les dura todavía el contento, las feroces señoras que a esas horas no son tan fieras, el "¡Buenos días!" vigoroso de los costaleros como para darse ánimo para llevar a los Santos. El buen humor que se respira y propaga. Me gusta entrar en la iglesia y ver a los costaleros despojados de sus galas y de la solemnidad de las grandes procesiones, verlos hablando entre ellos, bromeando y cómo todos los años surge la misma duda de si serán bastantes para sacarlos a todos.

Ya sé que no suena muy cristiano, y que el momento que se conmemora es trágico. Y sin embargo pocos son capaces de mantener la gravedad que requiere el momento. El porqué no lo sé. La gente está contenta y eso es lo que se respira.

Y sobre todo, me encanta encontrarme con mi prima Ana y hacer el camino con ella, ponernos al día de nuestras vidas, porque en el Vía Crucis se habla y mucho mientras se hace compañía a los Santos.

Cada cofradía saca un paso. Nos vamos parando para escuchar con atención cada una de las Estaciones. Es el momento que aprovechan las espontáneas para cantar sus saetas. Algunas veces provocan sonrisas y otras sentimiento. Porque es un pueblo pequeño y nos sabemos la vida de todos con sus alegrías y sus penas. Qué será del Vía Crucis cuando no queden saeteras... 

Ya vamos por la Placeta. La procesión va recogiendo a gente adormilada por los portales. ¿Sacarán este año a la Verónica? Es pequeñica, vestida de verde y de rojo, con un paño blanco con el que limpiará la cara a Jesús. Mi abuelo Juan era hermano mayor de la Verónica en un tiempo que yo no alcanzo a imaginar por la profusión de cofradías y de gentes que participaban.

La procesión sigue por el Barranco. Ahí vivía yo.

Y por algún sitio, no sé a qué altura porque no me suena que se repita el mismo sitio de un año para otro, de pronto sale el San Juan con su escolta de muchachos. Ay, el jolgorio que se traen los costaleros o anderos de San Juan. Arrimaos por curiosidad a la alegre compaña que seguro que alguna sonrisa os sacan. Pero es que esto también forma parte de la estampa coral del Vía Crucis en Arboleas.

Y llegamos a lo alto del pueblo. El sol de cara molesta. Las figuras van tomando posición mientras el cortejo de arboleanos se pone en fila para besar en la rodilla a Jesús crucificado. 

Esperamos a que bajen de nuevo las imágenes. Algunos han tomado la delantera y bajan las figuras casi a la carrera para esconderlas antes de que el guión del Viernes Santo se descuajaringue.

Ya no hace tanto frío y los cuerpos se han desperezado. El día acaba de empezar y esa es otra de las cosas que me gustan. Te queda todo el Viernes por delante. Esa y el que mi madre esté haciendo chocolate caliente y friendo tortas para alimentar los cuerpos agradecidos. Y además, que nos lo merecemos que hemos madrugado un año más. Otro ratito animado de charla en la cocina. Cómo no me va a gustar este día.

El año que viene si Dios quiere iré de Vía Crucis. ¡Dios quiera!

A estas horas de la noche llega hasta aquí el lejano toque monótono y acompasado de los tambores.Y siempre que los oigo por estas fechas, me traen la misma imagen a la mente, el paso cadencioso de los verdugos conduciendo a su víctima a la muerte.