jueves, 21 de marzo de 2013

Nathalie P.

Mmm, me encantan esos días en los que una vuelve a sentirse veinteañera for a moment. Resaca tras una noche de fiesta en Granada y comida familiar con un miembro más en El Rincón para celebrar el cumple del peque que hizo 34 años hace tres semanas. No fue tan mala época en el fondo.


Cómo hemos acabado midiéndonos la frente mi madre y yo por culpa de las orejas de mi hermana, ya no lo recuerdo. 


Pero lo que me ha dejado de verdad consternada ha sido la incapacidad de mi madre por recordar un episodio que marcó toda mi pubertad. Llamaremos a aquel episodio:

EL DIARIO

¿A colación de qué vino recordar aquello? Una cosa lleva a otra, y hay momentos que quedan grabados para siempre allí por detrás, más allá de la retina.

Le he comprado a mi Gabriela un diario para que escriba en él todo lo que quiera. Y me he hecho la promesa de que jamás de los jamases abriré el dichoso diario y que sólo leeré lo que ella tenga a bien mostrarme. Lo he hecho como una herencia de costumbres. No tengo mucho que dejaros hijas mías, pero este pequeño cuaderno con candado es parte de mi legado, pues he sentido la necesidad durante toda una vida de escribir y puede que logre despertar esa necesidad en vosotras, mis vástagos. Al fin y al cabo, ¿no es eso lo que hacen los padres con sus hijos?

Hubo una vez en que yo también tuve uno. Su cubierta era de tela pintada, de la que parece de satén o de seda, con bonitos tonos rosados pasteles. Me lo regalaron creo que en un cumpleaños. Y en él escribí muchas de las cosas que me pasaron aquel año. Cursaba cinquième, lo que equivale a 1ºESO en Jeanne d'Arc de Genas Azieu. Jeanne d'Arc era un "collège concerté" de monjas en aquel entonces exclusivamente "féminin".

Tenía 12 años y aquel fue el año en que me enamoré del único macarra del que me he enamorado en mi vida. Se llamaba Nathalie P. y estoy casi convencida de que no había ni una chica que no estuviera loquita por ella.  ¿Gajes de estudiar rodeada de féminas en plena revolución hormonal? No lo sé. No me he vuelto a enamorar de ninguna chica reseñable después.

Mi relación con Nathalie fue tortuosa. Recuedo que una tarde a la salida del colegio, me pilló entre dos de los autobuses que nos llevaban a nuestros pueblos respectivos y me dio un cabezazo. La chica era futbolista, todo un portento físico y quedé bastante mareada y magullada en mi orgullo. Digamos que no fue lo que se dice un amor bonito o correspondido.  Duró lo que duran los amores de adolescencia y poco más, gracias a Dios. Cuando me la imagino, la veo embutida en un mono y arreglando motores de camiones. ¿Llamémoslo estereotipo? Pero la verdad es que me la imagino poco y nada, que es casi lo mismo.

Sin embargo lo que sí me molesta es que mi madre no se acuerde de cuándo me di cuenta de que mi hermana y ella habían leído mi diario (yo no sé si pensaba que se iba a encontrar con el "Diario de Anne Frank"), de cómo quedé literalmente desnuda, de cómo de vez en cuando se le escapaba alguna pulla sobre mis escarceos con Lesbos y de la vergüenza que sentí durante tiempo al saberme "descubierta". En fin...


Así transcurren por lo general las comidas familiares en mi casa. Pero me imagino que como en todas las familias, eso es lo normal...