domingo, 24 de marzo de 2013

Mi Wiko y yo (I)

Al igual que el común de los mortales, nunca se me han dado bien las primeras veces. Es más, echando la vista atrás, en mi caso suelen ser más bien catastróficas. Así que ayer no iba a ser una excepción.

Anoche acabamos los dos solitos en el sofá, mi Wiko y yo, los dos acurrucaditos el uno junto al otro y al final no pasó absolutamente nada. Y es que después de darle diez veces al botoncito de encendido para comprobar lo mismo que en el portátil y viendo que él seguía sin decirme nada, sin notificarme nada, sin tintinearme nada, proclamé dramáticamente, "hasta aquí hemos llegado, ¡basta!" y como castigo lo apagué.

Como primera vez, y para variar, fue bastante decepcionante.

Pero no fue su silencio lo que más me decepcionó sino mi torpeza al manejar su pantalla, a mí que me gusta escribir conforme lo voy pensando, de pronto me vi a mí-misma aquejada de algún problema dactilologopédico y totalmente incapacitada para comunicarme con nadie de una forma corriente, normal, la que venía siendo la mía hasta entonces, y que tanto me gustaba y me hacía reír.

Menuda manera de incomunicarse (más aún) del personal he escogido, pensé. El tiempo de contestar algo medianamente inteligible

-a merced de un corrector ortográfico francés empeñado en interpretar mi español à sa manière, y además me tengo que olvidar para siempre de mis finas ironías y gracietas porque estas duplicarán el tiempo de respuesta y acrecentarán mis ganas de tirar el dichoso teclado al infierno de las papeleras virtuales,

-mi interlocutor habrá rehecho su vida sin contar conmigo para ello.

Entonces llegó mi hermano y en dos minutos empezó a darle al plin y al plaf y mi Wiko ya no se comunicaba conmigo en francés sino en castellano y al observar su destreza al manejarlo y al hacerle cosas que jamás pensé que se le podían hacer, me di cuenta de que él y yo jamás alcanzaríamos ese nivel de compenetración. 

Era tan evidente.

Ahí estaba, acurrucado a mi lado, inocente en su ignorancia, bonito, muy bonito, y enoooorrrrmeeeee. (¿A qué me recuerda eso?) Pero, hélas, totalmente incompatible conmigo.

Me fui a fumar un cigarro.  Miré al cielo estrellado y pregunté al firmamento si era justo que fuera la única persona recesiva en el mundo incapaz de comunicarme a través de un smartphone. Lo único que me alegró fue pensar en todas esas personas que me auguraban un futuro adicto y que habían errado completamente en sus pronósticos.

Con ese leve pesar me fui a la cama. Absolutamente resignada. 

Así fue cómo transcurrió mi primer día  con mi Wiko.

Fin.


PD: En serio, ¿esperábais una review técnica, seria y formal???? Pssss....