lunes, 25 de marzo de 2013

Fumata negra



Si alguna tarde de domingo de esas de pereza y de farniente, vamos, de no hacer nada en absoluto, en parte por el tiempo gris y feo que hace fuera, de pronto rueda  desprevenidamente un tronco fuera del hogar encendido y cae al suelo, ante todo que no cunda el pánico. No intentéis de ninguna manera coger el tronco con las manos, es muy probable que lo soltéis ipso facto pues el tronco sin lugar a duda estará ardiendo por proceder de donde procede. Tranquilamente coged las pinzas que se hallan a la derecha de la susodicha, agarrad el tronco y volved a echarlo al hogar. 

Es muy probable que en el entretanto el tronco haya desparramado ascuas por doquier. De nuevo, no intentéis coger las ascuas con las manos ni con nada inflamable. El papel de periódico, por ejemplo, es bastante inflamable. Y es probable que al caerle ascuas se prenda fuego. Pero de nuevo que no cunda el pánico. El pánico nunca es buen consejero. Si apreciáis que el papel de periódico que se halla en la caja de plástico debajo del hogar de la chimenea que se usa para guardar más troncos muestra roales de papel chamuscado negruzco con un hilito color lava alrededor, que no cunda el pánico. Y de ninguna manera echéis el papel de periódico a la chimenea. Haced con él un paquetito manejable y sacadlo lo antes posible a la calle donde podréis proceder a su extinción de la manera que os resulte más cómoda, pisoteándolo, saltándole encima, echándole agua, etc, etc.

En el caso en que no os haya dado tiempo a reflexionar muy bien el momento "el papel de periódico no se tira a la chimenea" y hayáis caído en la tentación de hacerlo, de nuevo que no cunda el pánico. Apreciaréis que en el momento de echar el papel a la chimenea, el fuego se aviva de pronto alcanzando altas cotas de combustibilidad. En el caso de no haber deshollinado la chimenea en años, las temperatura e intensidad alcanzadas en el interior del hogar provocará que de pronto el hollín acumulado durante años se desprenda de repente de las paredes internas de la campana de acero que conforma el armazón de la chimenea, en forma de montoncitos de cenizas incandescentes, tal cual lo tuvieron que vivir en su momento en Pompeya. 

Al ver desprenderse la ceniza, tal y como lo vivieron los pompeyos, estaréis tentados en dejaros invadir por el pánico. Pero os rogaría que os contuvieseis y que no cerrarais de repente la puerta de cristal de la chimenea, pues esta acción no hará más que aumentar la temperatura alcanzada dentro del hogar y provocará que el hollín ya no caiga en montoncitos sino en porciones importantes y a mogollón. 

Procurad todo a la vez que controláis la caída de Pompeya subir hasta la azotea para examinar la calidad del humo emitido. Apreciaréis que el humo que sale profusamente es además de un color muy muy negro y os entrará tal acojonamiento que probablemente os dé ganas de llamar a los bomberos. ¡Alto! Ese humo no es más que el producto lógico de la quema del hollín de años acumulado que se ha prendido debido al aumento inesperado de la temperatura dentro del hogar al echarle el papel de periódico, y nada más.

Mientras no veáis llamas, nada indica que la casa esté ardiendo. Además, y por el bienestar de vuestro vecindario, adoptad más bien una actitud distendida y de absoluta normalidad. Como si aquel humo negro fuera lo esperable y lo usual en estos casos. El vecino se preguntará por qué de pronto habéis abierto todas las ventanas y por qué no dejáis de ir azotea arriba azotea abajo, y por ello es muy importante mantener la apariencia de total y absoluta normalidad.

Y efectivamente tendréis para entonces todas las ventanas de la vivienda abiertas pese al frío de la tarde, y es que siguiendo el tiro de la chimenea, en la habitación continua por lo alto, o sea la que se encuentra justo encima, de pronto al abrir la puerta, os habéis dado de bruces con una intensa humareda y un olor a plástico quemado que en este caso ya podemos decirlo, no es ni medio normal. Con el número de los bomberos siempre en mente, habéis abierto todas las ventanas del piso de arriba y esperáis ya el fatal desenlace "que hemos prendido fuego a la casa y que vengáis". Observáis con detenimiento las dos rejillas que dan directamente al tiro de la chimenea y de donde lógicamente procederán las primeras llamas.

Pero a veces Dios oye nuestras plegarias y el humo milagrosamente se esfuma excepto por una esquinita de arriba de donde parece proceder. La esquinita da al cuarto de baño contiguo que al no tener ventana ni siquiera hemos abierto. Y al hacerlo, de nuevo nos topamos con una enorme y negruzca humareda que a punto está de asfixiarnos. Esto explica en gran parte la tenencia por parte de algunas personas de lo que vienen a ser máscaras antigás pero que por desgracia no tenemos a mano en ese momento. Así que recurrimos al tradicional método de aspaviento manual de humo acompañado de toses ferinas múltiples.

Pese a tener el aparato nasotraqueobronquial entero, incluidos los ojos, en sangre viva, permaneceréis alertos hasta averiguar la fuente y procedencia del humo y veréis vuestro sacrificio recompensado cuando os déis cuenta con alivio que todo ese humo se ha colado por la rejilla de ventilación del cuarto que se comunica directamente con la azotea donde se halla casualmente también la boca de la chimenea.

¡Et voilà!

Es probable que tengáis que recuperaros de una leve intoxicación por inhalación de humos, que os preguntéis por qué los vecinos una vez más han pasado de llamar a los bomberos (hélas no es la primera vez, no), que no volváis a encender la chimenea en lo que queda de temporada alta de chimeneas.

Pero y el susto que nos hemos llevado...p'habernos matao... pero al final, nos hemos salvado...


¡Feliz Lunes de Dolores!