viernes, 8 de febrero de 2013

Seis horas

El miércoles hubo seis horas de mi vida que me robaron a traición y que no pararé hasta recuperar.


Fue después de comer, las crías estaban todavía sentadas a la mesa cuando llegué, incluso la pequeña cómo no y después de pedírmelo amablemente a su manera, cogió unas cuantas pinchadas de mi plato.


Fue cuando me levanté; el mundo empezó a moverse de un lado a otro y me tuve que sujetar a la silla. No era una sensación que desconocía, pero no a esas horas, no en ese momento, me acordé del crucero, de la mañana después del desembarco, cuando tras despertarme, al ponerme de pie me tuve que sentar y agarrar a las sábanas de la cama esperando a que se decidieran a parar el ir y venir del suelo y de las paredes de mi dormitorio.


Me refugié como pude en el sofá, creyendo que sólo necesitaría unos minutos para recuperar el equilibrio. Seis horas duró mi postración. Sólo seis horas en el fondo. Puedo darme con un canto en los dientes. Pero la impotencia que sentí, la frustración al perder todo control sobre mi cuerpo, a que este se negara a hacer nada de lo que le pedía, a que sólo pudiera estar así, postrada en el sofá en posición decúbito lateral, cerrando los ojos para marearme lo menos posible, porque cualquier intento por levantarme y realizar los actos más elementales se había convertido en el vaivén absurdo y vomitorio de este pato borracho y mareado, y el pensar, porque creo que lo que lo jode siempre todo es pensar, pensar que una vida así debe ser la muerte en vida o como vivir muerto, acostada en un sofá sin apenas poder moverme y sin embargo consciente en todo momento y viendo y oyendo cómo los demás viven y se mueven y siguen con sus vidas, presa de un cuerpo que no quiere responderme y que rechazo, no sé si sería capaz de aguantarlo. Y sólo fueron seis horas.


Sé que puede sonar a chulería y que tenga que tragarme tarde o temprano mis palabras pero el propósito de este post es sola y exclusivamente recordar esas seis horas, que eran mías y que me fueron arrebatadas, robadas, despojadas sin previo aviso y a traición y las quiero porque me acuerdo y me da mucha rabia y mucha impotencia y haré lo que haga falta pero no pararé hasta recuperarlas.


¡Buen finde!