sábado, 9 de febrero de 2013

Las abuelitas voladoras

Me encantan las abuelitas voladoras. 

Las abuelitas voladoras son esas señoras que por fin han alcanzado esa edad dorada en el que ya no necesitan ocultar el color de sus canas ni su miopiastigmatismo detrás de lentillas imposibles para parecer más floreros que ninguna, esas señoras que después de haber aguantado tantas vicisitudes, el yugo paterno y luego el marital, los embarazos, las crianzas, las crisis de los 40 conyugales y las propias menopausias han alcanzado por fin esa edad maravillosa en la "YA PUEDO HACER LO QUE ME DA LA GANA!!!!".


Y por supuesto, yo de mayor, quiero decir mayor que ahora, se entiende ¿no? quiero ser una abuelita voladora. Podré decir lo que me dé la gana así como el que no quiere la cosa, y al oírme la gente me mirará con ternura o sorpresa pero nunca con reprobación y por supuesto que nadie criticará ni malinterpretará mis palabras sino que las llamará "voz de la experiencia" o "chocheras". Podré colarme por fin en todos esos sitios donde acostumbran a colarse las abuelitas voladoras, bien sea en la cola de los churros, en el frutero, en la cola para el médico, o ¿dónde más? Tendré que trazar un plan de acción.  También podré subirme al autobús y poner mirada de corderito degollado acompañada de un lamento sordo pero muy lastimero hasta conseguir que me dejen un asiento. Como probablemente por aquel entonces la casta inútil de políticos que nos gobierna habrá conseguido que no nos jubilemos antes de los 80, seguiré trabajando pero tendré el derecho constitucional a llevarme mis tareas de punto a clase y a echarme la cabezadita de todas las mañanas justo después de mi tazón de Eko con sopas de pan (porque a mí me tendrán preparado un bote de Eko, por supuesto). Por supuesto que mis lecciones estarán plagadas de alusiones, anécdotas y fotos vergonzosas de todos los adorados miembros de mi familia. Estaré probablemente medicada hasta las cejas, y los efectos placenteros "sonrisa feliz" unidos a una analgesia casi total me permitirán por fin practicar esos deportes de riesgo a los que nunca me atreví siendo más joven. 

Porque eso es lo bueno de ser una abuelita voladora, que puedes realizar los actos más estrafalarios, desde ir en calcetines al trabajo como la Trixie de La conjura de los Necios como ponerte a restaurar el Ecce Homo de Borja, reírte a voces en el programa de Juan y Medio, y acatar religiosamente  todos los mandatos de las páginas del Facebook dedicadas al grupo de "Señoras que..." nadie cuestiona los motivos por los que lo haces, simplemente eso es lo que se espera de alguien como tú y eso es lo realmente fantástico de todo esto!

Creo que si llego algún día, ¡prometo intentar dejar el pabellón de las abuelitas muy alto! 

Y hasta aquí mi homenaje a las abuelitas voladoras...

A veces no sé si tengo 5 ó 100 años.