domingo, 13 de enero de 2013

Crónicas dominicales

Me da casi vergüenza admitir que me he levantado a las 10 de la mañana un domingo cuando hasta hace dos días (o año y pico) era despertada religiosamente antes de las 8 y media fines de semana, puentes y vacaciones incluidos. Pero ese tiempo de postlactancia se fue como vino, inopinadamente y si no fuera porque me encanta levantarme a las 10 e incluso a las 11 pues incluso me daría nostalgia.


Realmente este post no tiene más propósito que cubrir el vacío en el que me deja una vez más mi bienquerida inspiración y practicar así, mientras viene o no, mi mecanografía. 


Después de un finde de rebajas una necesitaría una semana entera para recuperarse, pero desgraciadamente una no dispone de un marido rico que la quite de trabajar, así que esperaría hasta el finde siguiente para recuperarme si no fuera porque es el cumple de mi chiquitina. ¡Horror! Yo sólo quiero no hacer nada. ¿Es eso tan complicado de entender?


Ahora que oigo a mi vecina limpiar a golpes de mocho su puerta enrejada, que no se me olvide contaros que he soñado con ella esta noche, y no ha sido para nada placentero pues me he tirado toda la noche colándome en su hipotético apartamento a través de su hipotética terraza para hablar con ella del tipo de papel que hay que usar en las misivas que he mandado a todos mis vecinos sobre no recuerdo muy bien qué para proteger el medio ambiente (reciclado, por supuesto). Lo dicho, ¡horror!


Otro de los motivos por el cual estoy aquí sentada platicando con mi blog es que la lista de mis quehaceres es tan agobiadamente larga que estoy a ver si por obra y gracia de quien sea desaparece al menos la mitad.  Pero curiosamente no desaparecen...


Uno de los placeres de los finde son los desayunos que se eternizan... Pero ya tenemos ganadora de la primera voz de la mañana. Es que la pequeña se ha hecho lactófoba. Que no quiere beberse la leche ni a tiros.  No sé si la lactofobia es una desviación de la hidrofobia, como una suerte de rabia benigna pero tenemos dos opciones, o pasarla al café o las voces/chantajes/ amenazas y demás útiles pedagógicos de los que disponen los padres para obligar a sus hijos.


PD: al final no se ha tomado la leche. O sea que opción 1- pasarla al Nescafé.


Hablando de desayunos, nota bene: conseguir una churrera. Porque la pequeña, aparte de lactófoba se ha vuelto churriadicta. Y no veas ayer por la mañana cuando el churrero no había aparecido aun a las 9 de la mañana, la de opciones que barajamos para suplir su ausencia mientras la pequeña berreaba que quería churros, que quería churros.... Solución: o amenazar al churrero de que no vuelva a llegar tarde en su vida, al menos los sábados por la mañana, o aprender a hacer los churros. Todo para que mi niña no pille un trauma con los churros.


El momento desayuno ha llegado a su fin, mi Gábril se ha puesto a hacer los deberes, ¿os he hablado ya de su libro de matemáticas? Es espeluznante... Mi marido ha pasado dos veces ya por mi lado y me mira raro. Así que dejémoslo por ahora, y esperando a que vuelva Miss Inspiration, disfrutemos de un perezoso domingo en casa...