lunes, 3 de septiembre de 2012

Mi tesoro... (bueno, un pelín exagerado tal vez)

Martes 17 de julio de 2012.

Nos dirigimos a Albox. Es el cumple de la niña y no sé muy bien cómo, la tarta de Manolo sabor a galleta a 60 kilómetros de Mojácar ha acabado siendo la mejor opción. Aprovechamos que estamos para pasar por Los Rizos y nos enteramos que el niño se vuelve a NY, de lo cual nos alegramos. Nos queda el tiempo suficiente para yo meterme y actualizar mi millón y medio de cuentas cibernéticas mientras mi marido pasa el aspirador en su coche.
- ¡Pues no se ha parado a medio maletero!!! ¡Vámonos, ya lo haré en otro momento!
Desenchufo el ordenador, lo meto en su bolso, cargamos el coche, voy y saco dinero, me  compro una vuvuzela, nos pasamos a por la tarta y nos vamos para Mojácar.

Jueves 19 de julio de 2012. Almería.

Llamada de teléfono. - Sí, soy el vecino del xxx. ¿Con quién hablo?
El martes, día de mercado en Albox, rompe la monotonía de los largos meses de verano. Es el único día de la semana en que el pueblo recupera el bullicio de otrora llenándose de la gente que acude de todos los rincones del Valle. Para los que se ven obligados a permanecer en la villa durante julio y agosto, ese día es un resquicio, una pequeña válvula en medio del tedio de los largos, penosos y calurosos estíos.
Sin embargo, aquel martes, nada dejaba presagiar los acontecimientos que sucederían en la madrugada del martes al miércoles en el huerto de los F......
A las 11 de la noche, un ruido anómalo rompe el silencio de la calle durante unos minutos. El oído de los vecinos se percata de que algo no va bien justo en el momento en que se hace el silencio de nuevo.
Tres horas más tarde, el incesante ladrido de los perros del vecindario desvela a la vez que lo encubre el ruido de un motor, un runrún hondo e incesante, con un punto agudo que acaba metiéndose en la cabeza para desesperación de todos.

Y mientras el culpable unía en su indignación a todos los vecinos, yo, el adalid de todos los vecinos indignados del mundo, armada con mi móvil con el número de todos los cuerpos del orden colindantes allá donde voy  memorizado y dispuesta a usarlo, yo que me habría levantado blandiendo mi mano, mi puño y mi aparato y me habría reconciliado por fin con todo mi vecindario gracias a aquel gesto heroico, aquella noche yo ni estaba, ni era consciente de la angustia nocturna por la que estaban pasando mis conciudadanos. Dios mío!!!

Y cuando los más audaces y más valientes estaban a punto de echar abajo la puerta del causante de aquel escándalo incívico e indignante, en aquel preciso momento, el ruido cesó. Sin embargo, nada dejaba presagiar por segunda vez consecutiva que la pesadilla volvería a repetirse unas horas después, para desesperación e indignación de todo un barrio que se disponía a recuperar su dignidad y  a hacer justicia, ajusticiando, valga la redundancia, a aquel verdugo.

Pero en lugar de eso, buscaron el teléfono del "enfoiré" (es francés, suena mejor) del vecino que se había dejado en mitad de la entrada su viejo aspirador encendido que como tantas veces se había apagado al calentarse demasiado sin pensar que ese mismo aspirador volvería a encenderse al enfriarse. Y no lo llamaron en mitad de la noche, que habría sido lo propio, sino a una hora razonable de la mañana, cuando uno ya se imagina que el susodicho vecino ha desayunado y evitar así pegarle un susto ya de buena mañana. Y la voz de la vecina fue incluso y sorpresivamente amable.

Desde aquí, pido disculpas a todos mis vecinos y les doy las gracias por su civismo. No sé si esa es la razón subconsciente pero ya me he deshecho de ese viejo aspirador (eso, y que no aspiraba). Y hoy por fin (y ahora que casi hemos acabado la limpieza otoñal) me han traído mi nuevo aspirador. Es precioooooso. Apenas hace ruido, y además es un ruido agradable, como cuando estrenas un coche, no es un runrún, sino más bien un ronroneo suave, grave y viene con un montón de instrucciones y de botones. No sentía una emoción semejante desde mi rowenta watercontrol. Con centro de planchado y todo. En fin creo que se llama así. Será buena, que no pasan los años por ella, está prácticamente nueva. Pero es que no soporto planchar. Con mi aspirador será diferente. Estoy segura.
Os dejo que voy a jugar un ratito con mi nuevo aparatito antes de la cena. ¡Hasta otro ratito!