jueves, 12 de julio de 2012

Yo soy funcionario®

Por tercera vez consecutiva en algo más de dos años, las dos últimas veces en el último mes, hemos vuelto a asistir al espectáculo dantesco de cómo las sanguijuelas que nos gobiernan chupan y saquean nuestros salarios.

Desde que abriera la veda esa prueba viviente de que un mono puede gobernar el apestoso reino de España, los gobiernos centrales de PSOE/PP (la = M) y el autonómico formado por esa parejita infumable y nauseabunda PSOE/IU han transformado el salario de los funcionarios en su barra libre.

Guardaba la vana esperanza de que el gobierno zapateril sería una mancha oscura y anómala en la historia de esta nación, pero la inutilidad y el oprobio son endémicos de toda la clase dirigente, tanto a nivel local, autonómico, nacional como europeo.

Repetirán hasta la saciedad que es Europa la que dictamina lo que se tiene que hacer. Ahí tenemos el modelo griego y de cómo hundir un país gracias a los edictos de esa puta Europa que parece deleitarse con los recortes a los ciudadanos y veta que rueden las cabezas de los dirigentes y amigos banqueros, y ya van a por su tercer rescate. ¿Y qué nos toca pagar ahora a los funcionarios españoles? Aaah, que tenemos que apoquinar el rescate a Bankia, venga, para eso estamos los funcionarios®. 

En apariencia, el político y el funcionario® se asemejan en algunos aspectos. En teoría, ambos desempeñan labores públicas, ambos cobran del erario y en algunos casos, me refiero a los políticos, se enfrentan a un proceso arduo y feroz para acceder a esa función.  Hasta aquí las similitudes y son tantas las diferencias que pronto transforman al político y al funcionario en las dos caras antagónicas de la misma moneda, en Caín y Abel, el yin y el yang, el blanco y negro.

Y la mayor diferencia es que el político, como subgénero humano, carece de la experiencia vital necesaria para entender conceptos muy funcionariales como "vocación", "esfuerzo", "dignidad", "decencia", "pundonor", profesionalidad", "capacidad"...

Sí sí, claro, el amiguito periodista ha dedicado sus últimos años en ofrecer una caricatura del funcionario® como ese ser abominable y perezoso, generalmente asignado a dedo y que sólo sirve para cobrar suntuosas cantidades de dinero a cambio de no realizar labor alguna. Lo que curiosamente viene a ser un político. De hecho, el número de inútiles entre el funcionariado es similar al  número de políticos honestos y capacitados.

Y lo malo es que esta masa corrupta llamada "políticos" ha gangrenado el sistema público desde dentro, inmiscuyendo  una casta parásita incapaz de opositar para ganarse una plaza propia, sin dignidad ni vocación otra que la de vivir del estado, pues su función oficial es difícilmente definible no sólo por extraños sino incluso por propios, esa casta de la que Europa no dice ni mú, calla como lo que es ante entre otros, senadores, diputados, delegados, concejales, consejeros, asesores, comisarios, cada uno con más asesores y secretarios, chóferes, colegas, allegados...

Lo peor de todo es que como el político no habrá dado palo al agua en su vida, jamás estará capacitado para valorar lo que es un salario ganado a cambio del trabajo diario realizado con esfuerzo y honestidad. Y así con más falta de conciencia que de honra, le resultará mucho más fácil perpetrar el saqueo a las arcas y al bolsillo de los contribuyentes.