lunes, 11 de junio de 2012

Yo también di tecnología.

Aunque en una época preinformatizada como la mía, se llamaba trabajos manuales.

El otro día, recordé algo que parecía irremediablemente condenado al abismo del olvido. Estaba en el Colegio Jeanne d'Arc, ya os he hablado con anterioridad de él, mi maravilloso colegio unisex de monjas donde cursé los cuatro años previos al instituto,  desde sixième hasta troisième (de Sexto a Tercero de la ESO) y al que mi predisposición a los cuentos de la Abuela Cebolleta parece hacerme irremisiblemente retornar una y otra vez.

Recuerdo vagamente que cursé dicha asignatura durante los tres primeros años, pero que el último año, en una época donde los estudios en la etapa secundaria todavía eran sinónimo de esfuerzo y de calidad, el apretado currículum prescindía de esta a favor de otras asignaturas más serias.

No sé si mi memoria es muy fiable en este caso. La profe (ahora caigo, ¿tuve algún profe hombre en Jeanne d'Arc? Uala) era una señora alta y morena, con el pelo bastante corto, creo que tenía apellido español, Gómez o González, o tal vez la del apellido español fuera la profe rubia de Química. Era alta, morena, rondando los cuarenta ¿y algo varonil? ¿o no? No. Creo que era tranquila pero firme, algo así como una mamá severa.

Lo que sí recuerdo es todo lo que me aportó de positivo la asignatura.

Porque nos enseñó a fabricar nosotras solitas una lámpara "ELÉCTRICA". Y por "eléctrica" me refiero a que nos hizo instalar un interruptor y desmontar y volver a montar un enchufe para engancharlo al cable de la rosca de la bombilla que habíamos añadido en aquella cosa de madera que habíamos serrado, recortado, lijado, atornillado y pegado nosotras solitas!!! Por otra parte, era una lámpara horrorosamente atroz en su estética. Pero funcionaba.

En otra ocasión, nos hizo fabricar una cosa de esas que se ponen al lado de los sofás para guardar las revistas, eso es, un revistero y que creo que mi madre jamás utilizó.

También fabricamos una maravillosa carpeta para guardar nuestros dibujos y otra más pequeña tamaño block para conservar flores secas. Con anillas y todo.

Y también nos enseñó a coser. Y si no fuera porque mi madre siempre sintió aprensión (que no aprehensión) porque tocara su máquina de coser tal vez hubiera llegado a ser una Coco Chanel porque la parte de costura me encantaba y todavía guardo por ahí algunos patrones para recortar telas. 

Y también nos enseñó a cocinar trufas de chocolate, y por supuesto a hacer la cajita para envolverlas (con un papel plastificado de color pastel precioooosooo y un ingenioso juego de cierre!!!)
Y realmente le agradezco que nos hiciera sentir carpinteras, electricistas, costureras y cocineras y todo ello resultó ser una experiencia gratificante e increíble. No despertó en mí el más mínimo impulso por crear o fabricar objetos, (lo de fabricar pudiendo ir a la tienda a comprarlas me resultó siempre tan soporífero y tedioso!!!) pero a partir de ahí, supe que el mecanismo de un enchufe no era tan complicado como podía parecerlo.



Y por cierto, las trufas las hice para el concurso de repostería de navidad del cole de mi hija, una receta sencillísima a la par que mmmm, pero  curiosamente no obtuve ningún premio. Así que esa fue la última vez que participé en el concurso.


A lo que quiero llegar es que cada uno de los maestros y profesores que tuve a lo largo de mi existencia me trasmitió algo y no puedo más que estarles a todos agradecidos por haber hecho de mí parte de lo que soy ahora. Y aunque lo mío eran los idiomas, que por cierto en Francia se estudiaban obligatoriamente dos durante los siete años de Educación Secundaria, más uno más durante al menos tres años. Sin contar con el latín que tuve la suerte de estudiar durante ocho años. Y estoy hablando de hace veinte años. Pues a pesar de que lo mío eran los idiomas, no puedo más que agradecer a todos y cada uno de mi profes que me abrieran un poquito la mirada y la mente hacia otro mundo distinto al mío.


Un saludo!!!

PD: Y aunque sé que no sé apenas nada, sé lo suficiente como para distinguir a un sabio de un necio. Buenas noches.