viernes, 22 de junio de 2012

La plañidera y el paracaidista

En una vida anterior tuve que ser plañidera, tuve que serlo  o algo tiene que ver con que tengo el ojo seco. No produce lágrima de manera natural, hay ojos húmedos y ojos secos, ya está, no hay que  darle más vueltas, y mi cuerpo que es una maquinaria perfecta ha compensado esa pequeña tara con mi megacapacidad para llorar con todo lo llorable.


Pero ojo, repito, sólo lloro con lo llorable y si yo no lloro, a buen seguro es que no hay nada por lo que llorar.


Ay, pero qué penita me ha dado pensar que el año que viene ya no estarán por el instituto. Te tiras seis años deseando perderlos de vista y cuando llega la hora, es duro. Espero que la vida los trate todo lo bien que se merecen. 


Pero claro, tampoco era plan de ponerse a llorar en el examen de geografía y de biología, que es cuando me ha dado por pensar. Y no es porque me avergüence de llorar. No, tengo treinta y bzdhdejr años y puedo enorgullecerme de haber llorado en todos los sitios imaginables y delante de quien se terciara.


Cuando era más chica, supuso un problema y sé que hubo una época en que mis padres se preocuparon, sobre todo cuando me dio por huir corriendo al WC, encerrarme allí y llorar durante horas sin motivos aparentes. Creo recordar que incluso mi padre me prohibió ver un dibujo animado donde Hutchi, un bicho primo hermano de la abejita Maya, pero en plan Marco busca su mami, se tiraba cada capítulo buscando a la ídem, se hacía un amiguito en el trayecto que acababa muriendo al final de cada ídem. Y claro, al volver cada tarde del trabajo y encontrarme deshidratada, sollozando y con la cara desencajada por el pobre bichito, no le quedó más remedio que prohibírmelo. Creo que en esa época fue cuando empezó a forjarse mi poder llorante. Y como sé que me leen, les pido disculpas por hacerles sufrir innecesariamente. A otros niños les da por hacer otras cosas en los cuartos de baño y es igual de natural. No hay que preocuparse.


Pues, no me apetecía ponerme a llorar en el salón de actos del insti repleto de preuniversitarios porque no era el momento ni el lugar. Ya bastante lloré ayer en el coche escuchando la canción de la Eurocopa del Bisbal y acordándome de ellos.


Así que en casos como este, tengo un método, el cual uso en muy pocas ocasiones, porque repito, no me avergüenzo de llorar casi nunca. Es el método paracaidista. Sí señor y es bueno, muy bueno, nena.


Un hombre se va a tirar por primera vez en paracaídas y va acompañado de sus instructores. Se tiran del avión, están un poco en el aire, llega el momento de tirar de la manivela para abrir el paracaídas, tira de ella, vemos cómo el paracaídas parece que se está abriendo pero de pronto sale volando. Alaaaa, la que ha liado. Al parecer, ha tirado de la palanca que sirve para deshacerse del paracaídas. Momento pánico. Ya está, me voy a matar. Pero no pasa nada, porque están los instructores que se quedan un poco ¿comoooorrrr? y lleva el otro paracaídas. Lo abre, ya está, no ha pasado nada, ya sólo queda aterrizar en un campo muy muy vasto. Debe ser fácil aterrizar en medio de ese campo que es como muchos campos de fútbol y el paracaidista se ve tan chiquitillo. Y poco a poco  la cámara enfoca cómo la mancha negra que se va acercando peligrosamente a unos cables de alta tensión, la que va a liar otra vez, pero si acaba de salvar la vida, pero qué hace este tío??? y todos señalando, haciendo gestos de FUERA FUERA  con las manos, gritando nooo nooo por ahí nooo que te vas a estrellar, y ves que el paracaídas se va cada vez más p'allá en lugar de p'acá, y ya haces aspavientos con las manos, chillas QUE TE VAS A MATAR, VETE DE AHÍ, chispazo tremendo- ualaaa, ya está, s'ha matao. Silencio seplucral. Pues no. Se ha quedado colgado de aquellos cables de alta tensión a punto de electrocutarse y ahora está esperando a que vayan a rescatarlo. Y sobrevive. Y me lo imagino pensado. ¿Y ahora qué hago? ¿La lío más? ¿Me tiro del camión de los bomberos y lo "arremato"? Eso es un mal día y lo demás son tonterías. Cuando vi aquel vídeo la primera vez, me estuve riendo toda la noche, se habían acostado mis hermanos y yo seguía riendo, llegó el verano y seguía riéndome y hasta ahora.


Buenas noches que mañana volverá a amanecer!


(PD: ¿Sabéis ese que dice que un chico de Illinois salió despavorido de su casa, llevándose por delante la puerta de cristal y corrió desnudo durante millas hasta que lo detuvo la policía alertada por los vecinos porque se había encontrado una araña en la cama? Pues como se lo preguntes a mi madre, se descojona!)