martes, 8 de mayo de 2012

Un gilidía cualquiera.

Pues fíjate que hoy no iba a escribir nada más. De hecho acabo de borrar una entrada. ¿Y a quién le importa? A mí no. ¿Y por qué?

Primero, porque me he pasado todas las horas libres que he tenido en las últimas 24 horas reescribiendo una y otra vez un gilipoema que no creo que nadie entienda. Pero yo ahí sigo, erre que erre, tocando y retocando, o gilitocando. Según se mire.

Segundo, porque mi hipotálamo me ha pillado de sopetón. Sí, tengo un hipotálamo cojonudo. Ahora mismo tengo náuseas, me duele todo, tengo el cuerpo muerto y noooo, no estoy  embarazada (nooo, no lo estoy) y tampoco tengo la regla. Porque al parecer las mujeres sólo tienen días gilipollescos por esos dos motivos. Pues no, como ya he dicho, tengo un hipotálamo cojonudo. Porque este no mide la temperatura como hacen los demás hipotálamos, este no. De hecho, podría hacer 30º y yo seguiría con mi jersey tan ricamente sin sudar ni pasar calor. Mi tensión cae a niveles epicéntricos, siento náuseas, mareos, lipotimias, y otras insoportables inconveniencias corpóreas, y me quedo hecha una piltrafa. Pero no sudo ni paso calor. Y eso se lo debo a mi hipotálamo que es una ricura. ¡Pero qué suerte tengo! Gra-cias.

Si a eso le añadimos una noche sin pegar ojo por una tos improductiva, inexplicable e imbécil que conforme vino se fue, puedo concluir que hoy he tenido un día cojonudo. Y eso me hace súper feliz. (sonrisa, ¡clin!)

Y como en días como hoy, reboso o me rebozo en alegría y gran contento, me voy con la venia a acabar un libro que son los únicos capaces de aguantarme en gilidías como este. Pero seguro que mañana vuelve a amanecer!