lunes, 21 de mayo de 2012

El viento de arriba y el viento de abajo

Haber nacido y crecido en otro país me hace sentir a veces como una viajera accidental. ¿Molesta? sí, un poquillo, llevo veinte años aquí, más de media vida, y todavía hay situaciones y reflexiones que me hacen sentir como si viviera de prestado en mi tierra. Pues al fin y al cabo esta es mi tierra y pertenezco a este Valle, al igual que mis padres y antes que ellos mis abuelos.  

Un ejemplo muy claro de esto que me pasa es cuando soy incapaz de identificar algunos dichos o costumbres o hechos, o los ignoro simplemente, y me torno ipso facto en guiri boba. Y ahí me tenéis, escuchando boquiabierta y alelada, empapándome de esa parte de mí que me falta.


En días como hoy, he oído a mis suegros hablar del viento de arriba y del viento de abajo. Y también he oído que el viento de aquí vuelve loca a la gente. Aunque comparado con la zona de Almería, aquí podemos llorar por un ojo. Es pasar la zona de Níjar por la autovía y ya empiezan a sentirse los violentos vaivenes del coche provocados por el viento.

Me gustaría llegado el caso saber distinguir si hace viento de arriba o de abajo. Saber cuál de los dos es el bueno y cuál es el malo. Me gustaría conocer el arte de predecir el tiempo, como la abuela de mi marido, la Quisca, que en paz descanse, que conocía el arte de las cabañuelas. Me gustaría poder mirar al cielo, a las nubes o  a las estrellas y saber si mañana hará calor o frío.



Esa es una de las cosas que añoro haber aprendido. Ya es de noche y han dejado de oírse sus ráfagas golpeando las persianas, pero hoy ha hecho un viento insoportable, de los que marean y me machacan la cabeza. Y yo para mí que venía del este (¿?).

Buenas noches,